La soledad en los mayores

A veces oímos decir a mucha gente, que la soledad es mala. Lo suelen decir personas mayores o no tan mayores que están solas y que la soledad no ha sido elegida sino sobrevenida por las circunstancias de la vida. Lo cierto es que hoy, es uno de los mayores males que aqueja a nuestra sociedad, sobre todo en personas adultas.

Según en estudio, entre el 30 y el 50% de personas mayores sufren soledad no deseada ni querida. Cada vez hay más gente viviendo sola, solo visitada esporádicamente por algún familiar.

En el periodo mas intenso del coronavirus, el 90% de los fallecidos por Covid eran mayores de 60 años. Al día de hoy en este brote de Covid, hemos pasado a 80 años.

Hay un hecho real: En nuestra sociedad española y europea cada vez hay más viejos, en contraste con una mentalidad que exalta y valora lo joven, lo atlético, lo musculoso, lo guapo, lo atractivo. Vivimos como si nunca nos fuésemos a hacer mayores. Incluso lo viejo nos molesta y a veces hasta estorba. Con lo cual es muy fácil arrinconar aún sin querer todo lo que suena a viejo y si encima ya no es productivo, pues doble problema.

La palabras mayor, anciano, viejo, jamás debían ser expresiones despectivas. Hoy más que nunca y mirando lo que los mayores han aportado a la sociedad, a la familia y a la vida, hoy deberían estar llenos de respeto, ternura y agradecimiento.

Es verdad que muchos quieren negar la vejez, y son muchos también los que no aceptan ni reconocen ni se sienten mayores. A una cierta edad uno mira a los de su misma edad y los ve mayores, pero uno a sí mismo no se ve mayor ¡Nos agarramos a la vida y quisiéramos una eterna juventud!

También saber vivir cada momento es un mérito y una gracia y hacerlo con dignidad una bendición.

Las residencias de mayores están cumpliendo un papel importante en mitigar bastante la soledad de los mayores. Porque si bien “como en la casa de uno en ningún sitio”, sin embargo las residencias ofrecen cuidado, relación, comunicación, diálogo, actividades múltiples que distraen y ayudan a ejercitar y poner en marcha todo el organismo.

La experiencia de la pandemia nos ha marcado a todos, porque además de que se ha llevado a muchos, nos ha limitado y nos sigue limitando en el ejercicio habitual de relación, comunicación, visitas, actividades etc.

¡Hemos pasado por todo! Desde llamar al 061- una y otra vez ignorando la llamada y negándose a acudir, recomendando paracetamol, a buscarse cada cual la vida proveyéndose de material donde cada cual lo podía conseguir al precio que fuera.

De protocolos claros de comienzo a normativas cambiantes por días, y hasta con mensajes contradictorios. De no poder acompañar a tu familiar, en el dolor y sufrimiento de los últimos momentos y no digamos la crueldad de no poder acompañar en el último trance de tu vida y enterrar en soledad y dolor a tu ser querido. Han sido experiencias muy duras.

Lo cierto es que nuestros mayores han sido y a veces son la última rueda del carro y no han sido valorados dignamente.

Ojalá los errores nos ayuden a hacer mejor las cosas y los protocolos de actuación nunca se olviden que tratamos con personas y estas vulnerables y de sensibilidad especial.

Ahora que estamos en una nueva oleada de contagios, preocupados todos en proteger al máximo y evitarlos, ojalá sepamos compaginar todas esas medidas hasta el punto que queriendo proteger tanto ahora se nos mueran de soledad y tristeza.

Ahora se pide “un plan de humanización” que por cierto se viene haciendo desde siempre y mucho más con la pandemia, sin embargo lo más humanizante que es poder ver a tus seres queridos de manera controlada y regulada, las visitas en definitiva, han sido lo primero que se suspenden. Mientras tanto los bares, comuniones, bodas y demás actos lúdicos y festivos se mantienen para el resto de la población.

Cuando una madre ve llegar a su hija que llega a visitarle, se le llenan de lágrimas los ojos y el alma de gozo. Y es que las visitas, el abrazo, el beso y hasta la sola presencia son curativos. Lo que el mayor a veces no entiende es por qué todas esas limitaciones.

Por eso nuestra gran preocupación hoy es la soledad que se torna tan cruel sobre todo en los mayores. Es verdad que las visitas dan más trabajo y es verdad que toda protección es poca, pero debiéramos buscar un equilibrio.

Nuestros mayores también ven la tele y las noticias y ven las playas llenas, los bares también y ellos diciendo y nosotros por qué no.