Una oda a la solidaridad, la ternura y el amor
Artículo de Antonio Garrido Gámez, periodista | 28.03.2026
VIAJERO POR TODO EL MUNDO CON MENSAJEROS DE LA PAZ Y “MUY FELIZ EN JAÉN”
» Julio Millán Medina, presidente de Edad Dorada Mensajeros de la Paz Andalucía, ha dictado una conferencia para enmarcar en “Diálogos Jaén Nuevo Milenio de Diario Jaén”.
» Entre la diversidad de temas que ha tratado en una gran lección de humanidad, ha hecho referencia a la soledad, que considera que es uno de los más graves problemas de nuestro tiempo.
» Preguntado si cree en la resurrección de Jaén, su respuesta no deja lugar a la duda: “Vamos muy lentos, hay que avanzar, necesitamos seguir creciendo”.
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“Soy un romántico, creo en Dios, y no en cualquier Dios, y creo en las personas, mi Dios es el Dios que se encarna, se humaniza”, ha sido una de las decenas de frases que nos ha regalado hoy en un discurso para enmarcar que ha pronunciado el sacerdote Julio Millán Medina, presidente de Edad Dorada Mensajeros de la Paz Andalucía, protagonista de una nueva edición de “Diálogos ‘Jaén Nuevo Milenio’” que promueve el Diario Jaén, y en la que el invitado, conocido por su debilidad por los más necesitados del mundo y también en especial por los mayores, ha pronunciado una excelente conferencia que ha titulado “Educar en valores, ecología y solidaridad. Un proyecto común para la Humanidad”.
Julio Millán, que por encima de todo es conocido y reconocido por su concepto de la solidaridad y por su calidad humana, nos ha hecho salir del acto, celebrado en el hotel HO, con la mente repleta de mensajes en una lección de moral y ética que sobre todo ha proyectado un alegato sobre el ser humano que nos ha llenado el alma, porque en un mundo de prisas, de individualismo y de crisis de compromiso, su voz, con ‘auctoritas’ para hacerlo, ha sido algo así como un aguijón, aunque como manda su propio modo de ser, su propuesta ha sido “suaviter in modo, fortiter in re” (suave en la forma, fuerte en la esencia).
El acto se ha iniciado con unas palabras del director de Diario Jaén, Juan Espejo, dando la bienvenida a todos los asistentes, a lo que ha seguido la intervención del representante de Unicaja, como entidad patrocinadora, señalando que el propio título de la conferencia ya era toda una declaración de intenciones, enfatizar valores como el respeto, la convivencia, la empatía, el esfuerzo, la capacidad para dialogar y saber conjugar responsabilidad y participación en la vida social, para dejar constancia de que Unicaja apoya este tipo de actos por convicción.
HOMBRE BUENO, HUMILDE, SABIO…
La presentación ha estado a cargo del neurocirujano Osamah El-Rubaidi Abdullah, que ha comentado detalles del perfil biográfico del conferenciante, siempre vinculado a Mensajeros de la Paz, desde que conoció al padre Ángel, una labor altruista que le ha llevado por todo el mundo, en especial por lugares donde había que transmitir la esperanza, incluso lo ha hecho compatible con responsabilidades al frente de parroquias, un trabajo el suyo, ha subrayado, dedicado a la solidaridad y a la caridad en sus términos más amplios, y ha necesitado pocas palabras para definir a Julio Millán Medina: “hombre bueno, humilde, sabio… Ojalá pudiéramos parecernos un poco a él”, ha señalado el ilustre médico.

Osamah El-Rubaidi Abdullah presentando al conferenciante Julio Millán Medina. A la izquierda de la imagen, móvil en mano, Antonio Garrido preparando este artículo.
El conferenciante ha empezado diciendo de su presentador que, cuando lo conoció, tuvo la sensación de que “este hombre estaba tocado por Dios”, y ya empezó con el hilo de su excelente lección, refiriéndose a “la que está cayendo a nivel mundial, cada día nos levantamos con alguna sorpresa y vienen tiempos difíciles, y los que promueven las guerras no pierden nunca”. También aludió a la etapa vivida durante la pandemia “que nos puso en aviso” y nos prometimos que íbamos a salir mejores de ella, pero no ha sido así, por lo que “con estos mimbres, hablar de valores, de solidaridad y de proyectos en común puede parecer un alarde de ingenuidad”. No obstante ha dicho sentirse bien con su conciencia porque expresa lo que siente, volviendo a esta etapa tan convulsa ha deseado que “ojalá el mal no tenga la última palabra”. En esta lección de humanismo, ha trasladado que hablar de valores exige partir de unos mínimos y aboga por una sociedad igualitaria “donde nadie esté excluido”, así como ha llamado la atención en torno a que en este mundo en el que vivimos tantas veces los buenos propósitos se quedan para el recuerdo.
SOLIDARIDAD FRENTE AL RESENTIMIENTO
En una charla con un concepto unitario pero con tantos matices, ha hecho una defensa de la Tierra, “que nos trata mal porque no la cuidamos bien”, y en otro momento ha alertado sobre el grave problema de la soledad no escogida, con situaciones con las que se cruza a diario, y lo ha calificado como uno de los más graves problemas a los que se encuentra la sociedad actual, “una sociedad del todo vale en un mundo que nos ha hecho a todos más consumistas, más mercantilistas”. Más destellos, como que “para muchos el futuro es poco halagüeño”. Ha abogado, asimismo, por la cultura del acuerdo en todos los ámbitos, en la política, en la vida social, en la familia. En su opinión todo lo pretendemos resolver hoy en las redes sociales y el mercado “se ha convertido en un dogma de fe para mucha gente”, y acto seguido ha recordado una declaración de Pepe Mujica, muy a propósito: “En mi jardín jamás he cultivado el odio”. Julio Millán Medina ha confesado que se niega a pensar que “tenemos los políticos que nos merecemos, pero echamos de menos que piensen más en la gente, porque existen muchas carencias en materia moral, y la política ha de ser el arte de hacer el bien por encima de todo”. Insistiendo en el panorama político ha derivado en el pésimo ejemplo que se da, “es desolador escuchar las intervenciones del Parlamento, y a veces ni el dolor nos pone de acuerdo”.
Ha hecho una firme apuesta por la cultura de la solidaridad frente a la del resentimiento, y a continuación ha dedicado una parte de su conferencia a los pobres, también a los inmigrantes, a los que se pide que no vengan y que sean sumisos, “pero si se quedan en sus pueblos, mejor”, y frente a este panorama ha instado al respeto a todos los seres humanos, fundamental como norma de convivencia. Para Julio Millán Medina, en términos generales, “amamos poco y mal” y ha clamado por un mundo presidido por el cariño, la ternura y el amor.
Finalmente, en un coloquio en el que el conferenciante ha respondido a las preguntas que le ha formulado Juan Espejo, algunas en nombre de los asistentes o quienes han seguido la intervención a través de internet, el invitado ha vuelto a resaltar el excesivo individualismo que existe en la sociedad de hoy y también, al respecto de su compromiso personal con los más necesitados, para él no hay más misterio que “querer y dejarse querer”, y de su dedicación a las personas mayores, en especial en la Residencia que gestiona en Jaén Mensajeros de la Paz, su respuesta ha sido que lo que en realidad les hace mucho bien son “la caricia y la ternura”. Después se ha definido como “más cura de calle y de gente que de sacristía y de rito”, al tiempo que confesaba que de no haber sido sacerdote le hubiera gustado ser torero, momento en el que la respuesta del público asistente fue esbozar una amplia sonrisa. Ha tenido un recuerdo para el Papa Francisco y al concepto de sinodalidad, y aquí ha planteado el tema de la presencia de la mujer en la Iglesia. Este es su dictamen: “Si las mujeres de la Iglesia se declararan en huelga tendríamos que cerrar las iglesias”, para afirmar rotundamente que “no tienen el puesto que merecen”, para manifestar a continuación que el clericalismo es un problema.
“VAMOS MUY LENTOS, TENEMOS QUE AVANZAR”
En otro momento ha señalado que no es quién para dar consejos a su sobrino, el alcalde de Jaén, también Julio Millán, tampoco hablan de fútbol porque son de equipos distintos, el conferenciante seguidor del Real Madrid. Respondiendo a otras preguntas ha contado sus viajes por el mundo de manera constante, y ha confesado que aprendió mucho con los indígenas en la selva: “me enseñaron a leer el Evangelio de otra manera”, Se ha declarado “muy feliz en Jaén” y su definición de la felicidad es “sacar lo mejor a cada día, no hace falta más”, y afirma que no siente la necesidad de parar, sí de descansar en lo posible, pero “no sé estar sin hacer nada”. Asimismo ha dado a conocer que este acto se hacía hoy, Viernes de Dolores, en memoria de su madre. “La madre es la que siempre está, ella sembró en mí la semilla de la fe, pero es extensivo a todas las madres”. Cuando el director de Diario Jaén le ha preguntado por último si cree en la resurrección de Jaén, su respuesta no deja lugar a la duda: “Vamos muy lentos, hay que avanzar, necesitamos seguir creciendo”.
Todos le han felicitado, le hemos felicitado, por dos horas de una clase magistral, una oda al humanismo. Ya sé que no son buenos tiempos para la lírica, pero qué importante es que personas con tanta experiencia por esos mundos de Dios y en nuestro propio entorno, nos transmitan enseñanzas que nos vienen muy bien para el cuerpo y para el alma. Invitarnos a ser mejores personas, esa es la conclusión que saco de esta experiencia escuchando la voz de un hombre que conoce el papel que le ha tocado en esta vida y lo ejerce entregado en cuerpo y alma en aquello en lo que cree con firmeza, y menuda suerte la suya, y la nuestra por conocerlo, admirarlo y quererlo.









