Amar incluso a quien no te quiere bien
DOMINGO SÉPTIMO DE T.O.
MATEO 5,38-48
Las tres lecturas de este domingo inciden en lo mismo: la santidad por el amor.
Todos estamos llamados a ser santos por el amor: amor a Dios, a los que sufren, a la familia, a si mismo, a la naturaleza…
El amor es el elemento fundamental del proyecto cristiano. Así lo presenta Mateo en su evangelio.
Un amor que supera el mandamiento antiguo. Para los antiguos el mandamiento era: “ama a tu prójimo y odia a tu enemigo”. Llega Jesús y se propone superar ese mandamiento antiguo que permitía el odio al enemigo.
El amor que Jesús propone no se limita a un grupo reservado, a los de mi grupo, mi etnia, mis amigos, mis compatriotas, a los que me aman, sino que alcanza a los enemigos, a los que parecerían no merecer mi amor. El amor que propone Jesús es un amor universal, es infinito y no distingue entre buenos y malos. Es aprender a amar como Dios ama: sin límites. Por tanto no tiene sitio la ley del Talión, del “ojo por ojo, y diente por diente”.
Las relaciones humanas vividas y sentidas con dignidad nos invitan a no vivir aisladamente, porque todos nos necesitamos. Y ello necesita de un mínimo de normas de convivencia básicas para vivir unas relaciones sanas. Los mandamientos son como normas de convivencia.
En la Biblia, en el Antiguo Testamento, vemos como la mayor parte de los mandamientos están en negativo, marcando y haciendo hincapié en lo que no se puede hacer, es decir en los límites que no se pueden traspasar. Siete de los Diez Mandamientos empiezan con “NO…” : No tomar el nombre De Dios en vano, no matar, no robar, no dar falso testimonio, no actos impuros, no codiciar…”
El evangelio que trae Jesús supone un salto importante. Jesús no está preocupado tanto por los límites cuanto por el esfuerzo del amor que hay que alcanzar, el cual no se consigue solo evitando el mal, sino realizando el bien.
Por eso los antiguos decían: “amar a Dios y odiar a los enemigos”. Pero llega Jesús y dice: “amad a vuestros enemigos, rezad por los que os calumnian y persiguen. Asi seréis hijos De Dios que hace salir el sol para buenos y malos. Si solo quieres a quien te quiere… ¿que mérito tienes?. Eso lo hace cualquiera.
“Sed buenos como vuestro Padre del cielo”.
Por eso un creyente que se precie de serlo tiene que tener siempre un comportamiento que busque el bien del otro. Amar al prójimo exige hacerle el bien, pero eso significa también aceptarlo, respetarlo, valorar lo que hay en él de bueno. El amor cristiano promueve la cordialidad, el afecto sincero y las amistad entre las personas. Cordialidad que exige suavizar tensiones y conflictos, acercar posturas , fortalecer amistad , crecer en fraternidad.
«Si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿que hacéis de extraordinario?»






