Domingo de Ramos: Jesús murió como vivió

JESÚS MURIÓ COMO VIVIÓ:

NO CELEBRAMOS LA MUERTE SINO LA VIDA

¡NO BUSQUÉIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE!

DOMINGO DE RAMOS (C)
LUCAS 22,14-23,56

Hay un tema central en las lecturas de hoy que es el Mesianismo. Palabra hebrea que significa “ungido”. Se ungía a alguien para dar el mandato de ir, se le enviaba con poderes y se le encomendaba una misión. Isaías presenta la figura del Mesías como ungido De Dios , es decir su enviado. Pero la idea que nos presenta el Antiguo Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel, para dominar todas las naciones y que Israel sea la nación fuerte y poderosa que someta a todos los pueblos. ¡Un poco pretenciosos!

Había grupos mayoritarios que esperaban la llegada de ese Mesías que les liberara del dominio extranjero romano; un líder que fuera capaz de derrochar ese poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital. Y esta idea la proyectan en Jesús. Lógicamente Jesús no va a aceptar ese mesianismo ni va a contentar las expectativas y por consecuencia todo se le va a complicar.

“Este es el hijo del carpintero, se junta con pobres, enfermos, mendigos, pecadores… incluso cuestiona la ley…” . Jesús no da el perfil de lo esperado; pues en ese contexto hemos de ver su vida y su muerte.

Seguramente la Pasión es el primer relato sobre Jesús que se redactó por escrito. La pasión de Lucas tiene una clara tendencia catequética y además, como es el Evangelista que se centra en la Misericordia, pues todo su evangelio rezuma el amor bondadoso de Dios. En Lucas, Jesús tiene una gran preocupación por los débiles, viudas, huérfanos, mujeres, pecadores…

La liturgia del domingo de Ramos es un poco desconcertante. Empieza celebrando una “entrada triunfal” y termina recordando una muerte. Podríamos decir que ni el triunfo fue triunfo, ni la muerte fue derrota. Más bien orientado todo hacia Jerusalén, la muerte se considera como la meta de su vida.

Jesús fracasó humanamente porque la salvación que él ofreció no coincidirá con la que esperaban los judios. Jesús pretendió llevarlos a la plenitud de su verdadero ser, pero ellos sólo querían defender sus intereses, su ego fue más fuerte.

Así pasa normalmente: Dios quiere para nosotros lo mejor y nosotros seguimos creyendo en asegurar nuestra individualidad y progreso porque creemos que ahí esta nuestra plenitud.

En el relato de la Pasión, la cruz es como un verdadero sacramento del amor de Dios: todo es Misericordia y bondad incluso en medio del sufrimiento. Por eso se omiten recuerdos o referencias que culpen o sean negativos, como es el caso de la flagelación o coronación de espinas que se omiten para no culpar a los que llevaron a Jesús a la cruz. Jesús no aparece abandonado en el Calvario, esta acompañado de amigos y reemplaza el grito de Mateo: “Dios mío por qué me has abandonado” por el de Lucas: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

En todo el relato de la Pasión aparece la actitud del perdón. Aquí todo el mundo es bueno y se suaviza lo negativo: el agresor a quién Pedro corta una oreja y que luego es curado por Jesús, el malhechor bueno, el centurión, la reconciliación entre Pilato y Herodes, etc. Jesús es el inocente perseguido, por eso Pilato proclama su inocencia y el Centurión también reconoce su inocencia.

Camino del calvario las mujeres toman un papel relevante, haciendo parte del discipulado y mostrando una gran fidelidad al Maestro.

En la pasión de Lucas hay tres momentos fundamentales que son tres actitudes ejemplares de Jesús:

  1. Morir perdonando: lo crucifican junto a dos malhechores. El perdón aparece en este evangelio desde el principio: “amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que injurian”. Ahora, en un momento decisivo, intenta comprender incluso a los que le matan: “no saben lo que hacen”.
  2. Nunca es tarde para convertirse: los dos malhechores crucificados con él tienen actitudes distintas; uno anima irónicamente a Jesús a salvarse y a salvarlos, el otro defiende y reconoce su inocencia y que se acuerde de él en su reino. Jesús le dice: “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Una conversión tardía. Pero, para el evangelio, nunca es tarde para convertirse. El labrador de la parábola de la higuera pedía un año más para que diera fruto. Zaqueo tuvo el resto de su vida para demostrar su conversión. El buen ladrón sólo dispone de unas horas antes de morir. Y Jesús le dice: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.
  3. Morir en manos de Dios: en Mateo y Marcos, Jesús acaba diciendo: “Dios mío, por qué me has abandonado?”. Parece un grito de desesperación y abandono. Pero Lucas no quiere que sus lectores se queden con la sensación de que Jesús murió desesperado, y por eso pone en su boca: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

La Pasión es una historia de dolor y sufrimiento pero Lucas quiere que nos sirvan de consuelo para vivir y morir como él.

¿Cómo vivió Jesús sus últimas horas? Los evangelios no se detienen a analizar sentimientos. Sólo recuerdan que Jesús murió como había vivido. Lucas ahonda más en la bondad, en la cercanía con los que sufren, en el perdón.

Cuando Jesús subía con la cruz camino del Calvario, una mujeres se le acercan a Jesús llorando, porque no pueden ver sufrir a Jesús de esa manera. Y en medio del dolor, Jesús se volvió a ellas y les dice: “no lloréis por mi, llorad por vosotras y por vuestros hijos”. Jesús está pensando más en aquellas pobres mujeres que en su propio sufrimiento.

Ya en la cruz se escuchan los insultos de algunos y de pronto uno se dirige a Jesús y le dice: “acuérdate de mi”. La respuesta de Jesús: “hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El momento de la crucifixión es especialmente duro. Los soldados lo clavan en el madero. Jesús dice: “padre perdónalos porque no saben lo que hacen “. Jesús muere pidiendo al Padre que siga bendiciendo a los que le crucifican y siga ofreciendo su amor y su perdón.

Por eso la muerte fue un revulsivo tan grande que les llevó al descubrimiento del verdadero Jesús en la experiencia pascual.

Precisamente eso fue lo que buscaba Lucas con su relato de la Pasión: contemplar a Jesús para así seguirle mejor, conscientes de que

el paso a la vida pasa por las cruces de cada día y ese camino hay que hacerlo desde la bondad y la misericordia, sobre todo con los que sufren.