La soledad entristece y mata

LA SOLEDAD  ENTRISTECE Y MATA

(Su dolor es también nuestro dolor )

La soledad es muy necesaria en muchos momentos de la vida y todos la necesitamos, sobre todo cuando la elegimos libremente aunque sea por un tiempo, y  ayuda a serenarse, a encontrarse consigo mismo, a aislarse de problemas y preocupaciones… a descansar de mucho estrés cotidiano.

Pero hay otra soledad no elegida, que te llega casi impuesta por las circunstancias de la vida, que nos obliga a abrazarla con ternura y a saber vivirla como compañera de la vida el tiempo que sea necesario. Y ay del que se amarga y entristece, se encierra o deprime por ello y no sabe convivir con esa soledad amigablemente, asumiendo la realidad y buscando alternativas.

Nuestros mayores viven con frecuencia esa soledad que aísla, entristece y minusvalora porque en el ocaso de la vida, cuando uno se ha gastado por los demás, siente que esta vida acaba en inutilidad, a veces sensación de estorbo y en muchos casos en soledad. No digamos si a ello le añadimos la soledad de la viudez, la lejanía de los hijos, la ausencia de alguien que acompaña y al final de tus días te encuentras en una residencia «cinco estrellas»,  muy acompañado, entretenido, bien comido y bien tratado… pero no es tu casa.

Los hijos les visitan cuando pueden o se acuerdan o tienen un rato. De ello se dan cuenta los mayores y la mayoría saben cuántos días hace que la hija no va a verles, y su visita les colma de alegría y no digamos si además va la nieta y el biznieto… eso los llena de alegría, aún más.

Pero la pandemia del coronavirus odioso que nos ha llegado, tal vez incluso merecido por el descuido y maltrato a la madre tierra-naturaleza, que ahora se queja y este virus son lágrimas de dolor que nos devuelve para que reaccionemos y entendamos que no podemos seguir en la dinámica exagerada de producción-consumo que tanto daño está haciendo.

Pues esta pandemia nos está marcando de manera que se está llevando a muchos, hasta el punto que nos estamos acostumbrando a los muertos, cuando no son nuestros, y a relativizar la salud y el cuidado por encima del consumo y la producción y de ahí que no estemos dando la importancia debida a la situación. Este virus que se va a quedar con nosotros, como se quedó la gripe y tantos otros.

De esta situación los más perjudicados son los de siempre, los más vulnerables, los pobres, los de la calle, los enfermos, los mayores.

Hablando de las residencias, tanto es el miedo que tenemos a que el “bicho” entre y haga estragos que se están tomando todas la medidas necesarias por frenar su entrada. Y en ese frenar su entrada también estamos frenando la “entrada de los familiares” como prevención. Y me parece bien. Hay que programarlo, preveerlo, y tomar todas las precauciones pero no prohibirlo.

Y tenemos mecanismos suficientes, desde los epis, mascarillas, guantes, batas, calzas… ¡Y faltan las pantallas distanciadoras para hablar por ventanilla! Sé que es pensando en el bien del mayor.  Pero también quiero que pensemos en el dolor, la fragilidad, la soledad, la tristeza de los mayores que lo único que les queda es “ver a sus hijos”, porque ni tocarlos pueden. Y con sólo verles se les caen lágrimas como puños, porque a veces ellos no entienden de pandemia, de protocolos y limitaciones y sobre todo que se les prohíba ver a sus hijos.

Pero… aquí está el pero… ¿ No sería más humano mentalizar, proteger, exigir, todo lo que sea prevenir y poner el máximo cuidado a los hijos que visitan y no poner tantas dificultades para que se vean?

Si un hijo entra a ver a su padre o madre con todas esas prevenciones y se sienta aunque sea a un metro, eso le da vida al mayor y lo llena de felicidad. Me niego a prohibir tanto y que sean los mayores los perjudicados. Esa lejanía, ese sufrimiento, esa soledad les está matando. Sí, les está matando.

Yo prefiero más prevención y cuidado que prohibición. Para eso están los trabajadores, para cuidar que la familia al entrar tenga todos los requisitos necesarios que reduzcan el peligro de contagio. Y lo mismo decimos de los trabajadores responsables y conscientes de la situación, deben cuidarse porque ellos están llamados a cuidar a otros. Prevenir sí, poner todos los medios sí, ser conscientes de la situación también, prohibir que los mayores vean a sus hijos no.  Convénzame de lo contrario.