Saber zurcir el corazón

(PUNTADAS DE AMOR)

Las últimas generaciones no saben o no conocen el verbo “zurcir”. Pertenecen a la generación del “usar y tirar”, ya no hay recambios para nada y apenas quedan tiendas de arreglos. Ahora cuando algo se rompe te trae más cuenta tirarlo y comprar otro nuevo.

“Zurcir” es remendar un roto en un tejido con puntadas tan bien hechas que la unión se note lo menos posible. Era un trabajo laborioso de manos expertas y además hecho no solo por necesidad sino también por amor.

Recordar las manos de una madre zurciendo cuidadosamente un desgarrón en un encaje perfecto de puntadas, es un recuerdo gratificante y seguramente de los más bellos de nuestras madres, más aún si ya no las tenemos. De adolescentes no nos agradaba mucho llevar ropa zurcida pero nuestras madres expertas en tantas cosas nos decían: “hijo mío vas muy digno, no se te ve nada y casi no se nota el zurcido”.

El zurcido es como un sacramento que nos recuerda vivencias tan existenciales que tienen sabor a vida y que nos han marcado para siempre y para bien. Sobre todo a valorar los esfuerzos y sacrificios de nuestros padres en tiempos carenciales.

La pandemia que todos sufrimos y algunos no valoramos cuidadosamente, está provocando tremendos rotos y tremendos desgarrones en muchas vidas y en múltiples corazones, que ya estaban desgastados por el tiempo y los años y desgastados de amor y trabajo.

Sufrimiento del propio corazón y sufrimiento de muchos corazones cercanos o ajenos. Por eso es tan bello «saber zurcir los rotos del propio corazón y también los ajenos que son próximos y prójimos».

Toda esta experiencia de la vida nos sirve para trasladarlo a la vida real, con sus rotos y desgarrones del cuerpo y del alma, de la vida toda.

Piensa en nuestros mayores que fueron expertos en zurcidos cuando fueron jóvenes y que son expertos ahora en rotos y desgarrones en su piel frágil y débil y gastada por el tiempo y los años. Pienso en esa piel manchada, como tela frágil que cualquier roce le hace daño, y pienso en esa alma y ese corazón gastado y tal vez arrugado de tanto trabajo y tanto amor desprendido, y tan necesitado ahora de zurcidos de amor y cuidado ¡Tan necesitados de manos con corazón que pongan amor en sus vidas!

Cuando los cuidadores, sanitarios y personal en general “ponen amor en sus manos están zurciendo de amor la tela fina del alma gastada por el tiempo y reflejada en nuestros mayores”. Que gratificante para quien lo recibe y que gratificante para quien lo ofrece.

Puntadas de amor que hacen que se note menos o sea más llevadero el desgaste del corazón humano.

Por eso qué necesario es poner Alegría, ternura y amor en lo que se hace por nuestros mayores o enfermos, aunque muchas veces haya que tener una buena dosis de paciencia, como paciencia requiere el zurcido bien hecho.

Y es que la vida está hecha de puntadas y zurcidos, de paciencias y esperanzas, aunque solo sea por “hacerle al otro lo que me gustaría me hicieran a mi”. Para ello hay que sembrar. No recoge quien no siembra, aunque el dueño de la cosecha sea Otro.