Zaqueo, un explotador que cambia su corazón
Domingo XXXI del Tiempo ordinario
LUCAS 9, 1-10
El evangelio de hoy nos habla de “un tal Zaqueo”, hombre rico bien conocido en Jericó. Hombre pequeño de estatura, pero grande en poder económico, que además explota sin Misericordia a quien pilla por delante, lo que le hace todavía más pecador. Por eso no es un hombre querido en su entorno y la misma gente lo considera pecador.
Sin embargo, quiere ver a Jesús de quien ha oído hablar y le ha despertado curiosidad. Y haciendo incluso el ridículo, no duda en “correr como un chiquillo” para tomar la delantera y “subirse a un higuera por donde debía pasar, para verlo mejor”.
Jesús al pasar, “levanta los ojos” y lo ve subido al árbol. Jesús lo llama por su nombre: “Zaqueo baja, quiero llegar a tu casa”. Es decir, Jesús quiere entrar en el mundo de este hombre, rico para más señas.
Jesús no le cierra el corazón a nadie, porque sabe que cada persona tiene unas potencialidades capaces de trasformar todo. Jesús cree en las personas siempre, y nunca tira la toalla. Mientras tanto a Jesús le llueven las críticas por haber entrado en casa de un pecador.
Ese contacto, esa vivencia que siente Zaqueo en su relación con Jesús cambia su vida. Empieza a pensar ahora también en los demás, y sobre todo en lo que ha venido haciendo y el mal que ha causado. Ahora sin que Jesús le diga nada, el mismo se adelanta a decir: devolveré lo robado. Mi vida en adelante será otra. Zaqueo introduce en su vida la verdad, la justicia, y hasta la compasión. Zaqueo ahora es otro. Se ha encontrado con Jesús, y con El todo es posible.
¡Que importante encontrase con Jesús! Muchos cristianos no se han encontrado con Jesús, aunque sean muy creyentes. Se habrán encontrado con la iglesia, el catecismo, la cofradía, el precepto y hasta el cumplimiento… pero como Jesús no toque el corazón y me cambie por dentro, no trasformará mi vida. Y eso tiene que cocerse dentro, donde están los sentimientos.
Muchos ricos siguen siendo muy ricos y muy creyentes a la vez, pero siguen teniendo el dinero en el centro de sus vidas y acumulando como si fuesen a vivir para siempre. No han encontrado en Jesús el tesoro de su vida y por eso siguen adorando otros ídolos. Y no se conmueven con la pobreza de al lado. Al contrario, muchos se quejan de que los de fuera vienen a quitarnos el trabajo y cuando los contrato les doy sueldos… «mano de obra barata”.
Sin embargo, la vida de quienes son esclavos del dinero son vida perdidas, vidas sin verdad, ni compasión, ni bondad. “Es necesario que llegue la salvación a tu casa, a tu vida…” es decir que te encuentres con Jesús. Zaqueo le abre a Jesús su casa de par en par, le abre su corazón y su vida para que El la vaya trasformando.
En estos procesos ha sido clave el encuentro con Jesús que lo ha cambiado por completo, pero también ha sido crucial el estilo de Jesús de llegar al corazón de ese hombre. Hay un refrán castellano que dice: “más moscas se atraen con una gota de miel que con un barril de hiel”. Jesús podía haber criticado duramente a Zaqueo y hasta condenarlo y muchos hasta le habrían aplaudido. Y arremeter duramente contra los ricos. Jesús fue duro y exigente con los ricos pero nunca le faltó la ternura necesaria para adentrarse en su corazón. Por eso la pedagogía de Jesús es trasformadora.
Eso mismo me dijo a mi una mujer buena de un pueblo de Jaén, donde fui párroco recién llegado de misiones, porque por mi forma de hablar dura, clara… conseguí que muchos me alabaran y otros no me quisieran. Cuando la palabra De Dios le pones toda su fuerza y no le quitas nada, pero la trasmites con ternura, cala más y mejor… es como la lluvia fina. ¡La miel y la hiel!






