Todos los Santos… ¡Todos!
Día de todos los Santos
MATEO 5, 1-12
Para empezar es bueno preguntarnos quiénes son los santos para nosotros, ¿quiénes son los santos para Dios? Esta es una fiesta universal por “todos los santos de mundo”. Aquí entran todos los cristianos que han vivido su fe tratando de hacerlo lo mejor posible. Pero no contempla esta fiesta solo a los santos cristianos, sino a “todos” los que fueron santos a los ojos De Dios. Por tanto incluye a los “santos no cristianos”… a los de otras religiones, a los de ninguna religión o “santos paganos”, “santos anónimos”, incluso “santos ateos” por la infinidad de personas buenas que han sabido vivir el cap,. 25 de San Mateo:
“lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos conmigo lo hicisteis”. Es trabajar por un mundo más humano y trabajar por hacer felices a los demás.
¿Por qué es una fiesta tan universalista? Sencillamente porque Dios “está con todo el que practica la justicia, sea de la religión que sea”, como le dijo Pedro a Cornelio.
En la fiesta de este día no pensamos en “Los Santos de los almanaques”, o santos canonizados, sino en todos los hombres y mujeres que descubrieron y mostraron la marca de lo divino en ellos. Por tanto no es reconocer los méritos de personas extraordinarias, sino de reconocer la presencia de Dios en sus vida y saber transmitirlo. Santo sólo hay uno: Dios.
De igual manera Santo no es igual a perfecto. Santo es el pecador que reconoce la necesidad que tiene de Dios que lo ama sin merecerlo. Sólo cuando uno se siente pecador, está cerca de Dios. Lo decía el Papa varias veces: “soy un pecador”. El no robaba ni mataba pero su lucha es ser lo que aún no logro ser, lo que soy y lo que debería ser.
Quien diga que no tiene fallos se equivoca. Por eso una de las actitudes que más nos humanizan es aceptar nuestras limitaciones. Jesús no exigió la perfección a sus seguidores, solo les pidió que descubrieran el amor que es Dios en ellos.
En este día celebramos la bondad, se encuentre donde se encuentre, celebramos la Vida y el Bien que tiene que triunfar por encima del mal y de la muerte.
Por eso la santidad, que no es perfección, consiste en la posibilidad que me da Dios de parecerme a El, porque El está en lo hondo de mi ser, lo vea o no lo vea.
El pueblo que es sabio ha identificado esta fiesta de los Santos con la fiesta de los Difuntos. Ambas son fiestas de recuerdo y agradecimiento. ¿Hay alguien que no considere a su madre santa?
Hoy hemos leído las bienaventuranzas que son como un mapa de navegación en nuestra vida para decirnos que más allá de las religiones y sus peculiaridades, existe la religión humana: EL AMOR, el cariño a los pobres, la transparencia del corazón, el hambre y la sed de justicia, la lucha por la Paz. Esa religión básica fue la que Jesús proclamó, para todo el mundo.
Y en esa diversidad tenemos presentes a Gandhi, Francisco de Asís, Luther King, Oscar Romero, Ibn Arabí, Juan de la Cruz… en ellos estuvo la plenitud de la vida según el querer de Dios. Y a tantos otros, la inmensa mayoría que son “santos anónimos” que también desde sus debilidades, quisieron parecerse a Dios y trabajar por un mundo más humano y fraterno.







