Jesús, pan de vida
JESÚS, PAN DE VIDA
Juan 6, 51-58
La Fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo es para los cristianos la fiesta de Jesús-Pan-de-Vida.
La Iglesia ha cultivado durante mucho tiempo una perspectiva negativa del cuerpo humano, que gracias al Vaticano II fue tomando otra dimensión. Arrastramos una cultura y una filosofía griega que defendió siempre la dualidad “cuerpo-alma o materia-Espíritu”, donde el cuerpo salía siempre mal parado y mal visto como culpable del pecado y de la corrupción del ser humano en contraposición del espíritu que siempre fue visto como el portador de lo más sublime que tenemos las personas.
Creo que Jesús nos enseñó a vernos como una unidad, donde todo debe funcionar en perfecta coordinación y comunión.
Esta celebración del Corpus nos ayuda también a descubrir la presencia real de Cristo en la corporalidad y en lo material como es el pan y el vino y que a la vez trasciende y nos lleva al sentido de la vida y de la salvación.
El mismo Jesús, presente en el pan y en el vino, es el Jesús que recorrió los caminos de Galilea y es su existencia entera la que esta puesta a disposición del proyecto salvador del Padre. Si bien se deja conducir por el Espíritu que lo llevará hasta las últimas consecuencias abrazando la cruz y poniendo su cuerpo-vida a disposición de tantos hermanos dolientes por la vida.
Ese “ser pan partido en la mesa de la vida” y “ese ser sangre derramada para los demás” fue su esencia mientras estuvo con nosotros y será el mensaje profundo que nos dejó en la Última Cena antes de despedirse . Y así lo entendieron los discípulos, aunque luego vivirlo cuesta. Siempre son más fáciles las ceremonias y ritos que la propia vida. Al final lo que cuenta son los frutos, no las creencias. Las creencias serán buenas cuando den frutos buenos. Lo demás puede que sea secundario.
Muchos siguen creyendo que la Misa es “El Santo Sacrificio” que recrea la inmolación del Hijo por la salvación del mundo y así redimirnos del pecado. Otros pensamos que la Eucaristía es eso y también es la acción de Gracias, heredera de las “Cenas del Señor”, que nos compromete a “ser pan en la vida” y por eso nos dijo: “Yo soy el Maestro y el Señor y os he lavado los pies…para que hagáis vosotros lo mismo”.
Para nosotros los cristianos, la Eucaristía tiene que ser el alimento-fuerza que llene nuestra existencia, no solo como comida compartida por los hermanos que se sienten unidos en una misma fe, sino por la unión con Cristo que se nos da como alimento y sostiene nuestras vidas.
El simbolismo de pan y del vino nos revelan el significado profundo de lo que debe ser la vida, y de lo que fue Jesús de Nazaret. Por eso nos dijo: “haced esto en memoria mía”.
Pan y Vino “fruto de la tierra y del trabajo de las personas”… de la tierra para recordarnos que somos don que ha surgido de las manos amorosas De Dios cuando crea. Y del trabajo para recordarnos lo que las personas somos capaces de construir con nuestro esfuerzo solidario.
Ambos son para nosotros “pan de vida y bebida de salvación”.






